Rabietas: qué decir en el momento (y qué no)
Cuando tu hijo explota, la parte de su cerebro que razona está casi apagada. No es el momento de enseñar: es el momento de acompañar. Lo que digas en los primeros 30 segundos decide si la rabieta sube o baja.
Equipo Crece Bonito · Actualizado el 25 de octubre de 2026
Primero: ¿qué tipo de rabieta es?
No todas las rabietas son iguales, y por eso una misma respuesta funciona un día y al siguiente empeora todo. Casi todas caben en cuatro tipos:
- Frustración. No le sale algo: la torre se cae, el zapato no entra, no gana el juego.
- Agotamiento. Tiene hambre o sueño. Todo le molesta y nada lo consuela.
- Transición. Hay que cortar algo que le gusta: apagar la tele, salir del parque, ir a bañarse.
- Límite. Le dijiste que no y está comprobando si ese «no» es de verdad.
Mirar el tipo toma dos segundos y cambia lo que haces después. Si es agotamiento, por ejemplo, no hay nada que enseñar: hay que darle comida o cama.
El guion de 3 frases
En el momento difícil no se improvisa. Ayuda tener tres frases listas, siempre en el mismo orden:
- Nombra lo que siente. «Qué rabia que no te salga.» No le pides que deje de sentirlo: le muestras que lo entiendes.
- Quédate cerca. «Estoy aquí contigo. No me voy.» Pocas palabras, voz baja, a su altura.
- Di lo que sigue. Depende del tipo: ayuda a medias si es frustración, descanso si es agotamiento, el siguiente paso si es transición, o sostener el «no» si es un límite.
Lo que no ayuda en el momento
- Explicaciones largas. En plena rabieta no puede procesarlas. Guarda la conversación para después.
- Amenazas. «Si sigues así, no hay parque en toda la semana» sube la tensión y casi nunca se cumple.
- Ceder a la mitad. Si dijiste que no y a los cinco minutos de gritos dices que sí, aprende que gritar funciona. Mejor piensa bien el «no» antes de decirlo.
- «No llores» o «no es para tanto». Para tu hijo sí es para tanto. Negarlo lo hace sentirse más solo.
Después de la tormenta
Cuando ya está tranquilo, toma dos minutos: un abrazo, una frase sencilla de lo que pasó («Te dio mucha rabia salir del parque») y un plan para la próxima vez («Mañana te aviso antes de irnos»).
Y si tú también explotaste, repara: «Te grité y no estuvo bien. Estaba muy cansada. Voy a intentarlo distinto.» Pedir perdón no te quita autoridad; le enseña a tu hijo cómo se arregla un error.
Cuándo pedir ayuda
Las rabietas son normales en estas edades. Consulta con el pediatra o con un psicólogo infantil si son muy frecuentes después de los 6 o 7 años, si con frecuencia tu hijo se hace daño o lastima a otros, o si duran mucho y no ceden con nada.